domingo, 20 de septiembre de 2009

Intimidad e identidad



Intimidad e identidad

 

Viviana Bernath
Para LA NACION

 

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Sábado 19 de setiembre de 2009 | Publicado en edición impresa  La Nación

 

Corría el año 2001 cuando Evelyn Vázquez fue citada por la justicia argentina para someterse a una prueba de ADN. Había elementos para sospechar que era hija de personas desaparecidas. La joven, que ya había alcanzado la mayoría de edad, se negó a someterse al análisis. Aducía que los resultados podían afectar a las personas que la habían criado. Para sustentar su negativa, recurrió al derecho a la intimidad. El caso de Evelyn Vázquez sentó precedente. Por primera vez, la Corte Suprema de Justicia de nuestro país privilegió el derecho a la intimidad por sobre el derecho a la identidad.

 

Años más tarde, sin embargo, la Cámara Federal porteña dispuso que se efectuara la prueba de ADN, al jerarquizar nuevamente el derecho a la identidad. Alegó que debía darse prioridad a la demanda de su familia biológica. Evelyn estaba involucrada en una causa penal de expropiación de menores. Esa causa debía esclarecerse y esto invalidaba cualquier otro planteo. Con este fin y como medida resolutiva, se organizó un operativo. Consistió en allanar su hogar, recoger uno de sus cepillos de dientes y una pinza de depilar que también le pertenecía. A partir de estos elementos se obtuvo ADN de la joven para realizar los exámenes. Así se pudo confirmar que ella había sido la beba nacida en la ESMA y que las Abuelas de Plaza de Mayo estaban buscando.

 

Como resulta indiscutible que los crímenes de lesa humanidad deben ser esclarecidos, sin excepciones, resulta comprensible que, en lo que a esta muchacha se refiere, la ley haya estimado indispensable pasar por sobre su derecho a la intimidad.

 

¿Qué es el derecho a la intimidad? Es el derecho de cada uno a decidir si hace pública o no su privacidad. ¿Y qué es el derecho a la identidad? Es el que tiene cualquier persona a contar con un nombre y una nacionalidad, conocer a sus padres y ser cuidado por ellos.

 

¿A qué nos remite esta disyuntiva entre ambos derechos? A una cuestión polémica que nos hace reflexionar sobre qué debe respaldar la ley en cada caso, si el derecho a la intimidad o el derecho a la identidad.

 

Tanto la Declaración de los Derechos Humanos (1948) como la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño (1989) sostienen que el derecho a la intimidad y el derecho a la identidad deben ser inviolables. ¿Se respetan estas dos normativas en el mundo? Cada país cuenta con legislación propia, que a veces satisface y otras veces no los términos de los derechos a la intimidad y a la identidad. Son incontables los hombres que mediante los estudios de ADN descubren que no son los padres biológicos de los niños que han criado. ¿Qué ocurre, entonces, con el caudal amoroso desarrollado en el vínculo entre ellos? ¿Qué con esas madres que, a sabiendas, atribuyeron a sus hijos paternidades fraudulentas? ¿Se las debería sancionar? ¿En cuál de los dos derechos debe fundamentarse la ley para decidir a quién proteger?

 

En Francia, resulta difícil someterse a un estudio de ADN solamente porque se desea disipar una duda personal. Unicamente una petición judicial autoriza la realización de estas pruebas. Esta práctica es ilegal en el ámbito privado y puede costarle al padre un año de prisión y unos 15.000 euros de multa. En cambio, en España, Inglaterra y la Argentina, la prueba de paternidad puede hacerse en forma privada y extrajudicial. Cualquier individuo tiene la libertad para solicitarla.

 

Por otro lado, aparecen legislaciones como la alemana, que tienen en cuenta también los efectos psicológicos que pueden recaer sobre aquellos hombres que sospechan haber sido engañados por sus mujeres en relación con su paternidad. En este sentido, los alemanes han aprobado recientemente una ley que facilita a los padres varones que dudan de su paternidad el procedimiento para aclarar el origen de sus presuntos hijos. Para ello, no necesariamente deben romper los lazos legales con el hijo no biológico si se confirman sus sospechas de no paternidad.

 

¿A qué derecho se debe dar prioridad: al derecho a la intimidad o al de identidad? ¿Qué debe prevalecer: la consideración de la familia biológica o el vínculo afectivo? Estamos persuadidos de que el resultado que brinda una prueba de ADN no debería ser la única variable tenida en cuenta en el momento de decidir si el hombre involucrado tiene que seguir actuando o no como padre, más allá del eventual vínculo biológico con su hijo.

 

El problema que se deriva del examen de ADN no es sólo legal ni solo científico. Tampoco es únicamente un problema psíquico. Es todo eso en conjunto. Cada uno de nosotros es único biológicamente y vive circunstancias que también son únicas. Por lo tanto, establecer una jurisprudencia general implica correr el riesgo de subestimar o desconocer las particularidades.

 

Cada persona involucrada en un caso de ADN debería poder decidir, en forma autónoma, si prefiere preservar el derecho a la intimidad o el derecho a la identidad. Ello siempre y cuando su decisión no perjudique a terceros o implique el encubrimiento de un delito. Generalizar, en este orden de cosas, es sumamente difícil y puede resultar arbitrario. Por lo tanto, la Justicia , antes de pronunciarse, debería integrar todas las variables en juego y contemplar dicha singularidad en el momento de evaluar qué se preservará: si el derecho a la intimidad o a la identidad.

 

La autora es doctora en biología molecular.

 



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Lic. Maria Raquel Holway Ramos Mejia
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