martes, 24 de noviembre de 2009

Sobre los Derechos del Niño ¿qué estamos festejando?

Sobre los Derechos del Niño ¿qué estamos festejando?



Publicado por JoanMontane domingo 22 de noviembre de 2009
http://forogam.blogspot.com/2009/11/sobre-los-derechos-del-nino-que-estamos.html


Ayer, 20 de noviembre del 2009, se celebró el vigésimo aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) dedica su informe anual a este evento. En el documento se puntualizan algunos logros, especialmente en la reducción de la mortalidad infantil y en el aumento de la escolaridad. Sin embargo, la tarea pendiente tiene aún dimensiones cósmicas. El informe completo puede verse en: http://www.unicef.org/spanish/rightsite/sowc/pdfs/SOWC_SpecEd_CRC_MainReport_SP_100109.pdf Adelantaré aquí algunos datos. Los tomé del documento citado y los transmito desde el dolor, la impotencia y la indignación que me causan.














Veinte años después de aprobada la Convención, al finalizar la primera década de este nuevo milenio, “todos los años siguen muriendo cerca de 9 millones de niños antes de su quinto cumpleaños; más de 140 millones de niños menores de cinco años sufren de desnutrición; alrededor de 100 millones de niños en edad de asistir a la escuela primaria se hallan des-escolarizados; y se estima que unos 150 millones de niños entre los 5 y los 14 años trabajan.”














Todos los días, en el más absoluto e injusto de los anonimatos, “mueren aún un promedio de 25.000 niños y niñas menores de 5 años, principalmente por causas que pueden prevenirse con intervenciones de bajo coste y de eficacia probada.” Muertes evitables, sufrimiento evitable ligado a la pobreza, la desnutrición, la falta de agua, la baja escolaridad de las madres, la estremecedora indiferencia del resto del mundo, de los gobiernos, de las transnacionales, especialmente las dedicadas a la industria agroalimentaria y a la industria farmacéutica.














“La violencia, el trabajo infantil y la trata de niños y niñas constituyen también un motivo especial de preocupación en los países industrializados. Un análisis reciente de estudios referidos al maltrato infantil, publicado en The Lancet, revela que al menos un 4% de los niños y niñas de los países industrializados padecen maltrato físico cada año, y que 1 de cada 10 sufre abandono o maltrato psicológico. Se calcula que entre el 5 y el 10% de las niñas y hasta un 5% de los niños sufren abusos sexuales con penetración en el transcurso de su infancia; el porcentaje de niños y niñas que experimentan cualquier tipo de abuso sexual podría ser de tres veces más. Los niños y niñas que sufren abusos corren un riesgo mayor de experimentar una serie de dificultades, en especial problemas de salud mental, una merma del rendimiento escolar, problemas de drogadicción, problemas en las relaciones, y una tendencia a perpetrar actos de violencia en su vida futura.” Y todavía nos seguimos preguntando por qué hay tanta violencia, por qué ha prosperado el narcotráfico. ¡Qué cinismo! ¡Con qué descaro evadimos nuestras responsabilidades los adultos!














Nuestro hermoso planeta azul alberga 2.200 millones de niños y niñas, aproximadamente. Con los datos anteriores cualquier lector o lectora puede hacer sus cálculos de cuántos niñas y niños sufren abuso sexual. Y luego, puede dejar a un lado los números, fríos, indiferentes, impasibles, ajenos a toda valoración, e imaginar el sufrimiento de un niño o de una niña abusado sexualmente día tras día. ¿Cómo es posible que hoy, en la era de la información y las comunicaciones, con 193 países que ratificaron la Convención sobre los Derechos del Niño, tantas criaturas deban sufrir en silencio este oprobio, esta deshonra, esta maldad, esta degeneración? Hemos dejado que nuestro corazón se convierta en piedra.














“Un asunto crucial es la trata de menores de edad, una flagrante vulneración de los derechos humanos que, según los cálculos, afecta a 1,2 millones de niños y niñas cada año. Los autores de este delito buscan a niños y niñas desfavorecidos y les separan de sus familias, a menudo con el consentimiento de sus progenitores, que, en su ignorancia, aceptan las promesas inciertas con la intención de asegurar un futuro mejor para sus hijos e hijas.” Niños y niñas son comprados y vendidos hasta diez y doce veces en su periplo desde la tierra natal (Asia, África, América) hasta los prostíbulos de los países desarrollados. Este calvario los condenará a una de las peores formas de esclavitud de por vida. Esta violencia cotidiana, terrible, inhumana, no aparece en los titulares de los medios de comunicación. Hemos dejado que la indiferencia reemplace a toda la gama de valores vitales y éticos. Y todavía pretendemos llamarnos humanos.














“En los países en desarrollo, las perturbaciones financieras y económicas anteriores a la crisis económica mundial de 2008-2009 elevaron las tasas de mortalidad entre los niños menores de cinco años; redujeron las tasas de matriculación escolar; aumentaron la inseguridad; y forzaron a los niños a trabajar en condiciones peligrosas. La reducción del gasto público en salud y educación llevó a que los niños y sus familias cayeran en la trampa de la pobreza, de la cual no es fácil salir una vez se superan las crisis.” Sin embargo, a la Conferencia de la FAO sobre Seguridad Alimentaria (Roma, 18 al 23 de noviembre del 2009) los representantes de los países más ricos del mundo ni siquiera se dignaron asistir. Tampoco fijaron fechas ni modalidades de asistencia a los países más afectados por la hambruna. Vivimos en una época de crueldad y avaricia sin límites.














Las normas jurídicas no tienen poderes mágicos para cambiar la realidad. Mientras no exista voluntad para aplicarlas, no habrá Leyes, Convenciones o Tratados internacionales que valgan más allá de la tinta y el papel sobre el que están impresas. Desde luego, toda norma jurídica vigente permite a los sistemas de Justicia su aplicación y la imposición de sanciones a quienes incumplan con el deber ser establecido. Pero, como vengo repitiendo desde hace más de una década, el Derecho padece de gula semántica e ineficacia crónica. En nuestro país y en el mundo, niños y niñas sufren a diario la infinita, la atroz injusticia de sus derechos conculcados, de su futuro robado, de su felicidad, de su alegría, de su ingenuidad arrebatada por los adultos. Duele.

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